Emprender en familia en España: la historia de Marlene Rodríguez

17 junio, 2026

Hay decisiones que llegan después de una pregunta profunda. Para Marlene Rodríguez, emprender en España comenzó cuando pudo mirar con más claridad quién era, qué sabía hacer y qué traía consigo después de años de trabajo independiente en Venezuela.

Marlene llegó a España con una idea inicial muy distinta a la que terminó marcando su camino. Como muchas personas migrantes, su primer objetivo era conseguir un empleo, incorporarse al mercado laboral y empezar de nuevo desde una estructura conocida. Después de ocho o nueve años trabajando de forma independiente en Venezuela, pensó que volver a emplearse podía ser el paso más lógico para comenzar en otro país.

Pero la migración rara vez se mueve en línea recta. A veces, lo que una persona cree que viene a buscar termina abriendo una pregunta más grande: qué hacer con la experiencia acumulada, cómo traducir una trayectoria previa en un contexto nuevo y de qué manera sostener la identidad profesional cuando todo alrededor cambia.

En ese proceso, emprender en España nació como una forma de reconocerse. Antes de abrir un proyecto, tuvo que mirar su recorrido, valorar los años de independencia laboral que traía de Venezuela y aceptar que esa experiencia también podía tener un lugar en su nueva etapa.

“Decidí emprender en España luego de entender un poco quién era como profesional”, cuenta Marlene. En esa frase hay una clave que atraviesa muchas historias de la diáspora venezolana: antes de reconstruir una vida laboral, muchas veces toca reconstruir la confianza.

El caso de Marlene habla de crecer y reinvnetarse. Su emprendimiento no surge desde la improvisación, sino desde una revisión honesta de su historia profesional: venía de años resolviendo, tomando decisiones, gestionando su trabajo y construyendo autonomía. España le presentó otro contexto, otras reglas y otros tiempos, pero también la posibilidad de mirar esa experiencia con nuevos ojos.

Emprender en otro país también implica aprender a moverse en un entorno distinto. Significa observar el mercado, entender nuevas necesidades, ajustar expectativas y tomar decisiones con paciencia. Para una persona que llega con experiencia previa, el reto no está solo en trabajar, sino en traducir su valor profesional a un nuevo idioma cultural, laboral y social.

Su historia nos recuerda que emprender también puede ser una forma de pertenecer. Una manera de participar, aportar, crear redes y dejar huella en el país que recibe. Cada proyecto migrante lleva detrás horas de duda, aprendizaje y valentía silenciosa. También lleva memoria, oficio y una manera propia de mirar el mundo.

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