Sara y Jonathan: la historia de Dulxioso, el emprendimiento venezolano que conquistó Chamberí

19 agosto, 2026

Cada historia de reinvención merece contarse, más aún considerando que cada negocio venezolano que abre sus puertas en España hay una decisión difícil, un plan y mucha perseverancia. La de Sara y Jonathan es una de esas historias: una pareja que cerró un capítulo en Venezuela para abrir otro, dulce y exigente, en Madrid.

Puedes ver la entrevista completa en YouTube, donde ellos mismos cuentan cómo construyeron Dulxioso.

De Bizcocho a Dulxioso: reinventarse después de dejar Venezuela

Sara y Jonathan no empezaron con Dulxioso. Antes, en 2016 y tras haber vivido un par de años fuera del país, regresaron a Venezuela y fundaron Bizcocho, su primera marca de repostería, en Barquisimeto. El negocio funcionó durante varios años, pero la situación del país fue haciendo cada vez más difícil sostenerlo. En 2021 tomaron una decisión que marcaría el resto de su camino: cerrar Bizcocho y dar un paso adelante.

Ese paso adelante significó iniciar el proceso para obtener el visado de trabajo por cuenta propia en España. Dulxioso nació como el vehículo de esa nueva etapa, un proyecto que les permitiría reconstruir, esta vez en Madrid, lo que ya sabían hacer bien.

Empezar de nuevo en Madrid: paciencia, orden y autoconocimiento

Sara y Jonathan son claros sobre algo que muchas personas migrantes reconocen apenas llegan: empezar de nuevo en cualquier país es difícil, sin importar la nacionalidad que se tenga. Lo que cambia es cómo se atraviesa ese proceso.

Para ellos, volver a construir una vida en España se convirtió en la oportunidad de elegir con más conciencia qué rutinas querían instaurar. El orden ya lo traían, porque llegaron con un plan definido, pero la paciencia y el autoconocimiento fueron habilidades que tuvieron que entrenar en el camino, día a día, mientras el negocio tomaba forma.

Esa etapa estuvo acompañada de algo que valoran especialmente: la bienvenida que recibieron en Madrid, tanto de clientes y proveedores como de amigos que ya tenían en la ciudad antes de emprender. Esa red de apoyo hizo que, en sus propias palabras, se sintieran realmente a gusto desde el principio.

El momento más difícil: de la cocina oculta a la tienda en Chamberí

Como en cualquier proyecto, hubo un punto de inflexión. Para Sara y Jonathan fue el paso de trabajar como dark kitchen (una cocina sin local abierto al público) a abrir una tienda física en el barrio de Chamberí. Ese cambio los obligó a desarrollar un plan de negocio completo y a buscar financiación, algo que lograron gracias a la ayuda de amigos y conocidos que los acompañaron durante todo el proceso hasta conseguir el préstamo y el crédito necesarios.

Casi cinco años después de aquella decisión, Sara y Jonathan siguen sin considerar que hayan «llegado». Revisan sus indicadores mes a mes, ajustan estrategias y evitan instalarse en la idea de que ya encontraron la fórmula definitiva. Esa mentalidad forma parte de su visión del proyecto: evolucionar y crear productos nuevos, lo que implica seguir invirtiendo y desarrollando líneas distintas de manera constante.

«Pruebas algo y tienes esa incertidumbre de no saber si funciona. Da miedo, pero a la vez lo hace interesante, porque te mantiene en una evolución constante y aprendiendo día a día», resumen sobre lo que significa para ellos emprender.

La fórmula de Dulxioso: la cercanía antes que los postres

Preguntados por lo que distingue hoy a Dulxioso, Sara y Jonathan no señalan primero sus cookies, brownies o tartas (aunque reconocen que tienen muy buena pinta), sino el servicio y la atención cercana que ofrecen. Buscan que cada persona que llega a la tienda, e incluso quien pide por delivery, sienta una atención personalizada: conocer sus gustos, sus preferencias, y llamarla por su nombre. Ese trato ha hecho que buena parte de los vecinos del barrio se sientan parte del lugar.

A eso se suma un esfuerzo por facilitar la decisión de compra, con distintas presentaciones para que cada cliente elija según lo que necesita. Jonathan, que atiende habitualmente el mostrador, lo resume así: «Prácticamente yo soy el que atiende a las personas que llegan y prácticamente me conozco los nombres de la mayoría de los clientes que vienen.» Para ambos, ese trato cercano es justamente lo que marca la diferencia de Dulxioso frente a otras marcas, y valoran enormemente la oportunidad que cada cliente les da al probar sus productos.

Consejos de Sara y Jonathan para quienes están por emprender

Cuando se les pregunta qué le dirían a otra persona venezolana que está pensando en emprender en España, la respuesta de Sara y Jonathan combina realismo y experiencia. Recomiendan tomarse el tiempo necesario para comprender si eso es realmente lo que se quiere hacer, y cerrar los ciclos que ya están abiertos antes de iniciar uno nuevo. Insisten también en que, junto al trabajo emocional que implica migrar y reinventarse, hace falta un trabajo financiero serio: tener un plan y saber con qué recursos se cuenta, porque la situación a la que se van a enfrentar es compleja, y mientras mejor preparados estén, más fácil se hará el camino.

Sara y Jonathan también aclaran algo que consideran importante: nadie empieza realmente de cero, porque siempre se parte de una experiencia anterior. Lo que sí hace falta es un compromiso real con el objetivo propio, sin mirar el éxito ajeno como referencia, sino enfocarse en construir el éxito del propio proyecto. Eso, dicen, requiere compromiso, trabajo y mucho esfuerzo.

Un negocio que se sostiene en comunidad

La historia de Dulxioso también muestra, desde la ayuda de amigos para conseguir el crédito hasta la bienvenida de sus primeros clientes en Madrid, la importancia de construir sobre redes de apoyo. Nuestra app Venezuela Virtual busca ser ese espacio para otras personas venezolanas que han llegado a España: un hogar digital con networking entre cientos de personas que se conectan cada día, webinars gratuitos, ofertas de empleo, guías migratorias, comunidad y acompañamiento para quienes están por dar su propio paso adelante, como Sara y Jonathan hace unos años.

Hoy, Dulxioso funciona en Calle Fernando el Católico, 50, en el barrio de Chamberí, en Madrid, con pedidos el mismo día, envíos a la península y recogida en tienda. Quien quiera conocer sus cookies, brownies y tartas (o simplemente saludar a Sara y Jonathan) puede encontrarlos también en Instagram y TikTok como @dulxioso.

La historia de Sara y Jonathan es la de un proyecto que se sigue construyendo con disciplina, paciencia y cercanía, como cuando empezó. Esa es una de las huellas que deja Dulxioso y que muestra las capacidades de nuestra talentosa diáspora: una pareja venezolana que convirtió un cierre en Venezuela en una comunidad nueva, dulce y cada vez más grande, en Madrid.

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