Ayer volví a ver a mi hijo, después de 4 meses. A principios de marzo, se fue a Miami para resolver un asunto legal, en un viaje que debió durar 3 días. Lo agarró el confinamiento por allá.

Esperándolo afuera en el aeropuerto -no te dejan entrar- presencié muchos reencuentros. ¡Qué emocionante! Eran escenas como de película. Recordé el texto de John Gray: “Solo nos separamos para reencontrarnos”.

Amo España. Me siento bendecida y agradecida. Aquí estamos bien. Mis hijos estudian en lugares maravillosos. Vamos tranquilos por la calle. La ciudad es bella y amable. A mis 50 años, me reinventé como profesional. Comencé de nuevo con el impulso de haber tenido que salir de mi zona de “confort». Estoy feliz.

Pero cuando duermo, sueño que estoy en Caruao. Sueño que estoy cocinando porque viene mi mami y toda la familia para celebrar un cumpleaños. Sueño que cae un palo de agua y que nos reimos a carcajadas, despreocupados y que nuestra amada Venezuela, es aquella Venezuela bella de nuestros años de juventud. ¡Que la evolución fue la natural! Hacia el progreso, hacia el futuro. Que subimos el Ávila, tranquilos. Que dormimos en carpa en Cuyagua.

¿Cómo será ese reencuentro con nuestra patria renacida? Ese reencuentro, que sé que llegará. ¿Cómo será de bonito? ¡Me dan ganas de llorar de imaginarlo!

 

📷 Kari Aguirrezabal 

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