“Volví a Caracas después de 10 años en España. Cuando estaba allí, echaba de menos la cultura de Madrid, el cine, los museos… pero sobre todo caminar tranquila por las calles. En Bello Campo, donde yo vivía, el convivir se hizo tortuoso, pues se transformó en un campo de batalla.

Decidí volver a Madrid, retomar mis amistades acá. En España, me ha resultado algo más difícil trabajar, pues mi obra paradójicamente estaba muy apegada a lo que es Venezuela. Ahora, sin desapego y consciente de estar fragmentada, trato de reconducirla a un planteamiento más abstracto para entender cómo esas fisuras forman parte de mi obra. Ahora mismo me atrae más la posibilidad de cambiar de tema y que no sea siempre el recurrente planteamiento circular en torno al problema sobre Venezuela. Ahora intento tomar perspectiva desde otras ciudades, abrirme a artistas de distintas nacionalidades, conectar con artistas venezolanos de la diáspora.

Es una forma menos obsesiva de pensar en ello, de narrarlo con más aire. De reconciliarme con Caracas”

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