Familia-Venezuela-Ricardo

Me vine a Gavá (provincia de Barcelona) porque Rosana montó una librería para niños acá. Salí de Caracas por primera vez en mi vida sin un sueño propio, acompañando el sueño de ella. Cuestión maravillosa, porque me permitió estar sin sueños un rato, hasta que me llamó Guillermo Barrios y me invitó a presentar un proyecto expositivo en Cesta República basado en los tejidos. Me costó un poco al principio, pero los trascendí rápidamente porque vi que los tejidos son básicamente imprescindibles en lo que son las conexiones humanas. Tejido es la representación de conexiones. Me metí entonces a buscar mi conexión conmigo y con mi entorno nuevo. Me vine con la sensación que venía por un par de años. No sabía, claro, lo de la pandemia, y pensaba volver donde está mi taller funcionando y mis asistentes dándose, en Caracas.

Mi idea no es abandonar Venezuela, porque está muy metida en mi genética, en mi sangre, en mi amor, en mis afectos y en mi familia. Pero, el asunto de la exposición me hizo mucho bien. Descubrí que entre las torpezas que cometía había más libertad, estaban las decisiones más firmes y delicadas. Salieron cosas nuevas, mucho más inconscientes e incongruentes y eso me encantó, porque no traté de dominar nada, dejé que saliera el niño y el niño deteriorado por el destino en sus dedos inquietos, y me divirtió mucho verme agitado con las manos moviéndose. Y eso ha sido importante, es una actitud.

Ahora estoy haciendo dibujos para mis nietos. El asunto es que se hizo la exposición, vino la pandemia casi en el momento de la exposición, y decidimos no celebrar nada sino abrir la puerta, sin vino, sin nada que celebrar, veinte o veinticinco personas con agua, viendo las obras, porque lo que estábamos viviendo era muy raro. Y al día siguiente me vine de Madrid a Gavá.

Por otro lado está lo de la pandemia, que creo que es lo más relevante y lo más impresionante que me ha pasado en la vida, a mí y a todo el mundo.

Estoy haciendo un proceso de reflexión basado en los amaneceres. Porque desde que empezó la vaina y vine aquí, me despierto a las 5:30 am y no despierto a nadie, porque aquí empezamos a meditar a las 7:30 y antes de la meditación hago una premeditación esperando al sol y pensando, escribiendo y reflexionando sobre cómo se mueven las ideas, cómo se mueve el tiempo, los amaneceres, la conexión del amanecer y la luz que sale en el oriente, la luz que tiene uno adentro.

Porque me di cuenta que el mundo se murió, le dio un ataque al corazón y se murió de un paro cardíaco, ya no es como antes, ahora las vainas se van a hacer de otro modo.

El mundo sigue, pero diferente, y hay que crear nuestros espacios de participación, de creación, a través de procesos de reinvención y no equivocarse, hay que ser asertivo. Repensar el arte y la cultura en estos momentos de transición hacia un nuevo mundo.

Cada vez que me llamen, me van a encontrar cambiado, porque estoy cambiando y renovándome, reinventándome cada día.

Entonces, hasta el momento, lo que te puedo decir es que estoy en este proceso, tomo todos los días una película de los amaneceres y eso me ha tranquilizado. Son peliculitas de filmación rápida y algunas tienen reflexiones acerca de lo que pienso y eso me drena, me hace saber que estoy metiéndome en una buena vía de toma de decisiones.

 

📷 @Angela Bonadies

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