Lay Manresa: ayuda en venezolano y como legado colectivo

Dic 30, 2025

Hay personas que no necesitan un cargo, una sede ni un título para hacer la diferencia. Lay Manresa es una de ellas: Barquisimetana «guara antes que todo», migrante y madre. Lay entiende la solidaridad no como un gesto ocasional, sino como una forma de estar en el mundo. Desde hace años, su trabajo comunitario acompaña a personas venezolanas que llegan a España con urgencias, miedos y pocas certezas, pero también con una enorme capacidad de reconstruirse.

Lay es colaboradora de nuestra comunidad, miembro de nuestra app Venezuela Virtual, comparte nuestros valores y forma parte de esa red de personas que creen en el acompañamiento, la transparencia y el apoyo mutuo como pilares para una migración más digna y con éxito. Conociendo su labor voluntaria, quisimos conversar con ella, escuchar su historia y dejar constancia de una labor que ha impactado a cientos de vidas.

Esta entrevista forma parte de una serie de conversaciones que desde Código Venezuela impulsamos para visibilizar historias que inspiran, acompañan y conectan. Te invitamos a ver la entrevista completa con Lay Manresa en nuestro canal de YouTube, donde su voz, sus gestos y sus recuerdos terminan de darle profundidad a una historia que vale la pena escuchar con calma.

Desde muy joven, Lay aprendió que ayudar no es un sacrificio, sino una vocación. Su formación en el colegio María Auxiliadora, en Barquisimeto, le dejó amistades que aún conserva como familia y le inculcó la idea de dar sin esperar nada a cambio, de sostener al otro desde el compañerismo y la solidaridad. Esos valores, que ya practicaba en Venezuela, viajaron con ella cuando emigró y se transformaron en acción concreta al llegar a España.

Lay Manresa atendió durante años a personas migrantes desde un pequeño espacio físico. Allí escuchaba, orientaba, compartía comida y buscaba soluciones prácticas para quienes no tenían papeles, empleo o red de apoyo. La pandemia cerró ese local, pero no su vocación. Al contrario: la obligó a adaptarse y a trasladar todo ese acompañamiento a las redes sociales, así nació y se consolidó La Gente de Venezuela, una iniciativa comunitaria que demostró que no siempre hace falta una sede, pero sí muchas manos dispuestas.

En los momentos más duros de la pandemia por Covid-19, cuando muchas personas recién llegadas quedaron atrapadas sin trámites, sin ingresos y sin alimentos, Lay convirtió su teléfono en puente. A través de Instagram coordinó ayudas, donaciones, información y apoyo emocional. Esa experiencia marcó un antes y un después: la comunidad creció, se organizó y empezó a sostenerse desde la confianza mutua.

A ese camino se sumó una experiencia profundamente personal. Lay atravesó una enfermedad grave que la enfrentó de forma directa con la fragilidad de la vida, pero lejos de alejarla de su labor, ese proceso la acercó aún más a quienes necesitaban ayuda. Entendió en carne propia el valor de los pequeños gestos: una peluca que permite hacer una videollamada sin vergüenza, una palabra a tiempo, una presencia constante. Ayudar, incluso en medio del dolor, se convirtió también en su forma de sanar.

Muchas de las personas que hoy forman parte de La Gente de Venezuela fueron, en su momento, receptoras de ayuda. Jóvenes que llegaron solos, mujeres en situaciones extremas, personas que dormían en la calle o que no sabían cómo empezar. Con el tiempo, esas mismas personas comenzaron a apoyar a otras: compartiendo información de empleo, ofreciendo habitaciones, donando electrodomésticos, acompañando a quienes venían detrás. Una comunidad que se multiplica porque nadie olvida cómo fue empezar de cero.

Lay Manresa también habla de historias donde neveras pasan de casa en casa, de platos de comida que alcanzan para todos, de jóvenes que se convirtieron en médicos, padres o ciudadanos españoles y que un día llegaron sin nada. Testimonios que no buscan reconocimiento, sino dejar constancia de que el apoyo mutuo funciona cuando se construye con respeto y transparencia.

Ese principio ha sido clave en todo su trabajo. Lay insiste en algo que repite cada vez que puede: la transparencia es la base de cualquier labor social. Mostrar quién dona, cómo se entrega la ayuda y evitar protagonismos innecesarios ha sido fundamental para construir credibilidad y confianza. Es una forma de hacer las cosas que en Código Venezuela compartimos plenamente.

A lo largo de los años, iglesias, clínicas, comercios y personas particulares se han sumado de forma espontánea. Espacios que se prestan para acoger, jornadas de salud para quienes no tienen cobertura, centros de acopio improvisados, fiestas de Navidad organizadas entre muchos. Cuando la intención es clara, la ayuda aparece.

Al final de la conversación, Lay resume al venezolano en tres palabras: trabajador, solidario y con fe. Una fe que no es pasiva, sino activa, y que se traduce en acciones concretas todos los días. Porque detrás de cada red de apoyo hay personas reales. Y detrás de muchas de ellas, mujeres como Lay Manresa, que entienden que ayudar también es una forma de dejar huella.

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