Cristina Tovar Rafalli

Foto: Angela Bonadies

“Madrid me encanta. Aún me falta mucho por aprender y todavía tengo la ilusión de continuar con mi carrera, con el cine y la fotografía. Eso nunca lo pierdo de vista, aunque lo he tenido que aplazar porque hay que comer, pagar el alquiler.

Vine por nueve meses. Mi plan no era escapar, vine con el objetivo de estudiar un master en cine documental, que es lo que me apasiona. Al darme cuenta de lo que me gustaba vivir sola, con cierta independencia, moverme por mi cuenta, explorar sola el mundo, descubrir cosas nuevas, me quedé.

Al tiempo, se sumó la realidad: la situación de Venezuela empeoraba cada día, era muy fuerte, la cuestión se transformó en “no me puedo devolver, me tengo que quedar”. No tenía papeles, no estaba estudiando, no sabía cómo arreglar mi estatus legal, empecé a trabajar en un restaurante árabe y fueron tiempos muy fuertes. Diez horas al día, me pagaban muy poco, era casi explotación. Una experiencia dura que me llevó a cambiar de punto de vista.

Antes de eso, vivía una especie de fantasía, algo como “tengo el mundo para mí” y ahí entendí que tenía que resolver mi vida por mi cuenta. Eso me vino muy bien. No la pasé bien, pero me enseñó a ser más independiente y aterrizar poco a poco. Creo que siempre tuve suerte, fui privilegiada y de repente llegué aquí y entendí que tenía que armar mi propio camino. Nunca pasándola mal como la pasan otras personas, pero tenía que salir a la calle y resolver. Es una lucha del día a día. Siento que aquí puedo lograr lo que quiero con mucho esfuerzo y con mucho trabajo. Es la única manera. No decir “soy una estrella y ahora voy a tener éxito”, es trabajo 100%.

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