Foto: Beatriz Octavio

“Me gusta mucho Madrid y estoy inmensamente agradecida pero no logro que la ciudad sea mía. Me siento incompleta, no sé bien cómo explicarlo, siento que estoy a 10 cms. del suelo y no logro tocar tierra, tanto que el piso donde vivo parece que fuera prestado, como si no fuera mi hogar.

Soy hija de españoles y criada por españoles. Yo les pedía a mis padres que se vinieran ellos con mi hija, la pequeña, mientras yo me quedaba con la mayor para que terminara su carrera de medicina, en ese momento le faltaban dos años. A mi papá le daba igual, él va adonde se muevan las olas, pero mi mamá no se quería venir sin vender sus cosas, el trabajo de toda una vida.

Entonces, me desperté un día y dije “me voy yo a abrir caminos”. Me vine sola en pleno invierno. A los 10 meses pude traerme a Valeria, la menor. A Rebecca, la mayor, no la veo desde hace un año. Pero hoy conseguí un nuevo trabajo y si Dios quiere, la veré en Marzo porque voy a ir a su graduación.”

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