Cuando la seda era el producto más codiciado y valioso del planeta –y su fabricación, un secreto sumarial de China– existió un entramado de vías comerciales que logró llevarla por todos los rincones del mundo conocido. Desde Asia hasta Europa; del Oriente Medio al África; la llamada Ruta de la Seda logró, entre los siglos I a.C y XIV d.C., satisfacer las necesidades de miles y miles de consumidores –romanos y persas, indios y árabes, antiguos y modernos–, dando los primeros pininos de lo que hoy conocemos como “globalización”.

Documentada por Marco Polo –uno de los mayores influencers del S. XIII– y considerada patrimonio de la Humanidad por la UNESCO desde 2014 (¡gracias, Wikipedia!), esta formidable red, eslabón entre oriente y occidente, tuvo un rol clave en la historia de la civilización: además de telas made in China, sirvió al comercio de oro, perlas, diamantes, piedras preciosas, especias y productos de todas latitudes y presupuestos.

Era, en la práctica, un torrente de cultura, creatividad y sabiduría, amén de historias de identidades, razas, religiones, costumbres, uniones y desencuentros… En fin, de historias humanas.

Por eso es imposible ignorar la analogía con nuestra propia ruta, La Ruta de la Arepa (S XXI d.C.), que es, en la práctica, el ineludible camino que está trazando la gran Reina de la gastronomía criolla, sumando adeptos a diario y llevando el mensaje de la integración cultural por todo el orbe.

 

¿Puede un “pan” hacer todo eso? 

Pues sí. Porque esta Reina cuenta con casi de 5 millones de súbditos que la invocan a toda hora (desayuno, comida, tapa o cena) y la llevan a conquistar paladares y corazones. Porque no tiene gluten –y eso, al parecer, hasta está de moda– y porque permite todo tipo de cocciones y añadiduras: la hemos visto blanca y amarilla; negra de tinta de calamar y verde de canónigos; rellena de carne o chistorras; de queso, dulce o vegana. También en su faceta gourmet, como una delicada y crujiente lámina al romero que redimensiona al ya increíble sabor del cordero lechal asado a baja temperatura… El espectro creativo es infinito y muy pronto veremos a nuestra Reina perfectamente adaptada a todas las cocinas del mundo, luciendo las codiciadas estrellas Michelin (¿o es que eso ya ha ocurrido?).

Porque la arepa, “redonda” como es, está llena de simbología.

Y detrás de cada arepa hay una historia humana: el chef curioso, la abuela española que se fue y retornó –tan experta en la tortilla como en el budare–, o el compañero de piso venezolano que, por la mañana, te ofrece la mejor forma de combatir el resacón: un “remedio» que se ha expandido por todo el continente vía Erasmus.

La Ruta está en las historias del famoso @gringocomearepa, que cuenta sus seguidores por cientos de miles; o más aún, la de Stefan, el rumano que descubrió un nicho potente para su food truck, que funciona desde 2017 con el nombre de Arepas Colombianas Bucharest. Stefan no tiene ningún tipo de lazo con El Caribe; conoció a la Reina en el londinense Camden Market, cuando buscaba inspiración para su emprendimiento. Hoy en día es el gran arepero de la capital rumana –y seguramente de toda Rumania– y tiene historias maravillosas: desde recibir cumplidos de un cliente venezolano que resultó ser Franz Conde (chef ejecutivo del Hilton Bucarest), hasta récords como vender 600 arepas en 10 horas, o probar, en apenas dos días, 10 de restaurantes del festival que organizamos en Madrid a finales de 2019.

Y es que La Ruta de la Arepa está en la diáspora empoderada, interconectada como nunca antes. Está en la americanísima Baltimore, la mestiza Lima y la carnívora Buenos Aires. En la estrella de Hollywood, la cantautora exitosa, la escritora best seller y el artista con 20 años de hits. En el comediante que triunfa –literalmente– al otro lado del planeta; en la blogger que nos descubre Madrid, y en el beatboxer de Puerto Cabello que hace “flipar” a una de las bandas vocales más importantes del mundo.

Está –más que nunca– en los 5 mil médicos que ofrecen su talento al servicio de España… y, a la larga, de la humanidad entera.

En cada emprendimiento y en cada historia de integración y superación de esos millones de “embajadores” que se reproducen a diario, independientemente de su pasaporte o terruño de origen. En cada romance que nace, y en cada hijo que crece con el inconfundible aroma del café y la masa de maíz dorándose por las mañanas.

La Ruta de la Arepa –como la de la Seda en su momento– está cambiando al mundo. Y si estás leyendo estas palabras, ya formas parte de ella.

Por nuestra parte, no podemos sino darte la bienvenida, porque el exquisito viaje en el que te has embarcado abre las puertas a un universo de expresiones creativas que van mucho más allá de lo gastronómico: dan vida a millones de historias.

Disfrutemos todos, entonces, de este nuevo viaje a Ítaca; donde lo importante, más que el destino, es La Ruta.

 

📸 + 🖋️ Ernesto Lotitto M. 

📲 @rutadelaarepa

 

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