Dharma Torres escribe una nueva carta desde la Venezuela Virtual. Es director y productor audiovisual, abordando todas las áreas de esta profesión; es miembro de nuestra comunidad, ha vivido en 5 países y nos habla desde su experiencia migratoria.
La carta que nos escribe, tiene un propósito: contarte que, mientras todo cambia durante la migración, hay algo que permanece.
A continuación, sus palabras:
Todo cambia.
Sin duda, hemos notado que los cambios son inevitables. Algunos son para bien, otros para mal, pero cambios al fin. Hoy, por medio de esta carta, quiero invitarte a mirar el cambio con otros ojos, desde otra perspectiva. Y quizás, al terminar de leerla, algo pueda cambiar también en ti.
Así como en las películas, todos tenemos un desarrollo como personas. Algunos tienen un desarrollo como el de Walter White, de Breaking Bad; otros, uno como el de Shrek. Pero todos tenemos una historia, y en todas las historias hay cambios.
El detalle es que, muchas veces, los cambios nos asustan. Venimos de generaciones en las que cambiar podía significar comenzar de cero, perder parte de nuestra identidad o tener que aprender nuevamente cómo adaptarnos a un lugar, una cultura o una nueva forma de vivir.
Muchos vimos el cambio de lo analógico a la era digital, del internet a la inteligencia artificial y quizás algunos veremos el cambio hacia la superinteligencia artificial. También hemos vivido cambios en nuestras familias, gobiernos, economías, culturas e incluso en el clima.
Pero quizá el cambio que más nos cuesta aceptar es el cambio en nosotros mismos. Algunos utilizan el famoso: “Yo soy así y así seguiré”, como una forma de negar la responsabilidad de cambiar para bien. Otros intentamos disimular ese cambio con cremas, peinados y estilos de vida, tratando de retrasar ese proceso inevitable que llega con la edad.
A lo largo de mi vida, y especialmente después de haber vivido en 5 países, he conocido muchas historias de personas que, de un día para otro, tuvieron que enfrentarse a cambios mucho más bruscos de lo normal. Sé lo que significa dejar atrás lugares, costumbres y personas para comenzar nuevamente. Sé que migrar no solamente implica cambiar de país; muchas veces significa reconstruir una parte de nosotros mismos mientras intentamos conservar aquello que nos hace ser quienes somos.
Pero esta carta no pretende aumentar tu ansiedad ni recordarte todo aquello que puede cambiar. Al contrario, quiero hablarte de una esperanza. Porque dentro de un mundo en el que no podemos detener el fluir del agua, existe alguien que jamás cambia: Dios.
Un Dios que pensó que crearte fue una idea increíble. Aquel que, cuando prometió cuidar de ti y de tu familia, no hizo una promesa limitada a las circunstancias del presente. Aquel que puso sus ojos sobre ti porque sabía que había algo especial en tu alma. Aquel que comenzó una obra en ti y que no se detendrá hasta terminarla.
Su esencia perfecta le permite ser quien es sin equivocación ni contradicción. Lo que Él es, fue y será.
Y quizás ahí está nuestra mayor tranquilidad frente al cambio: entender que, aunque nosotros cambiemos, aunque cambien las circunstancias, los países, las personas, la economía, la tecnología e incluso nuestra propia vida, hay algo en lo que podemos depositar nuestra confianza: en Dios.
No podemos saber qué traerá mañana, ni qué puertas se abrirán o cuáles se cerrarán. Pero sí podemos decidir en quién ponemos nuestra confianza mientras atravesamos cada cambio.
Tal vez el cambio no siempre sea el enemigo que creemos. Tal vez algunas veces sea el camino que Dios utiliza para llevarnos a un lugar que todavía no podemos ver.
Así que, si hoy estás lejos de casa, si estás comenzando de nuevo, si tienes miedo de lo que viene o simplemente no sabes qué hacer con todos los cambios que están ocurriendo en tu vida, recuerda esto:
Todo cambia. Pero Dios no.
Y mientras todo a nuestro alrededor se mueve, podemos descansar en la certeza de que Él sigue siendo el mismo.
Quizás no podamos controlar el cambio, pero sí podemos decidir en quién confiamos mientras cambia todo lo demás.
Dharma.
Puedes leer otras cartas desde la Venezuela Virtual, aquí. Si quieres recibir la próxima carta en tu correo, regístrate en Venezuela Virtual.
