Antes de terminar el año, tenemos una sorpresa para ti. Esta última carta del 2025, Sin destinatario, viene acompañada de un estudio fotográfico que ejemplifica en imágenes las emociones que muchos vivimos al cruzar el océano, para reconstruirnos en España.
La carta es melancólica, pero también nos anima y nos recuerda las bondades de empezar en otro país, del anonimato y poder ser quienes deseamos ser. Te compartimos el texto y las imágenes de María José Couto, miembro de nuestra comunidad y de esta talentosísima diáspora venezolana.


¿Cómo se empaca la vida en una maleta?
«7 años, más de 2.500 días sin ti y por primera vez, te escribo una carta.Dejarte no ha sido fácil, todo lo que me diste tuve que meterlo en una maleta de 23 kg, ¿y cómo empacamos una vida en 23kg? No recuerdo muy bien nuestra despedida, entiendo que quizá mi mente lo quiso olvidar.Los días comenzaron a pasar muy rápido, no tuve mucho tiempo de procesar lo que estaba por vivir, a los días de llegar ya estaba trabajando en algo que jamás había hecho. Sin creerme capaz, lo hice, sin saber hacerlo lo aprendí… Y sí, sé que traje conmigo ese título que me diste de una de tus universidades, pero aquí comencé a descubrir que quizá esa carrera nunca me llenó del todo y que somos más que una profesión. Pasé por muchos trabajos haciendo cosas que no me gustaban, pero sólo así he podido reconocer lo que sí me gusta, y es que irse tiene su parte dura, pero también representa la mayor oportunidad de descubrir todo lo que somos capaces.


Decidí irme, buscando nuevas oportunidades, pero te confieso que una parte de mi se quedó y sigue ahí contigo. Que esa video llamada cada domingo con mi familia, durante estos años significa para mí el combustible para seguir adelante y sentirlos al menos un poco más cerca.
Muchas veces me siento culpable, por haberme ido, por dejarlos, por ver a mis viejos hacerse mayores y por estar lejos en momentos tan importantes. Por tener que vivir cada cumpleaños a través de una pantalla, y que la nostalgia por un próximo encuentro se vuelva el deseo que se repite cada año al soplar las velas… Esto ha sido de los procesos más difíciles para mi, que ellos me pregunten cómo estoy y yo decirles que “estoy bien” para que no se preocupen, cuando por dentro tengo un montón de emociones revueltas.
Y es que estando lejos pasamos por una enorme inestabilidad emocional, estamos unos días bien pero de repente ves algo que te recuerda a tu casa y lloras y extrañas. Vives esa dualidad constante entre estar a veces muy solo y otras acompañado, construyes familia a través de tus amigos, esos que se terminan volviendo tu red de apoyo. Cosas tan simples como comer sola, se hacen más difíciles, porque extrañas la comida de tu mamá, la compañía de tu papá, en fin, tu casa, tu familia, quien eras.


Dentro de esa maleta de 23 kg decidí traerme algunas fotos, y verlas me permite ver a esa versión de mi que dejé, siento que la emigración me ha regalado una nueva versión, mucho más valiente, mucho más segura y mucho más capaz, sin embargo hoy abrazo eso que fui, abrazo cada miedo, realmente nadie nos prepara para emigrar… Hoy lo sigo intentando, sigo sanando y atravesando batallas, pero le digo a esa versión que dejé que la admiro profundamente, que ha sido capaz de mucho más de lo que se había imaginado.

Quiero aprovechar para contarte también lo bonito que es este país, que desde el principio me ha hecho sentir arropada. Llegué esa primavera del 13 de Abril de 2018, y desde ese momento comencé a saber lo que eran las estaciones, ya sabes que tú me diste un clima privilegiado, donde no hace ni frío ni calor. Aquí he tenido que aprender a vestirme para el invierno, para el otoño, para la primavera y para el verano, pero ya estoy más acostumbrada.
La gastronomía, los lugares que he podido conocer son preciosos, poco a poco me he adaptado a la cultura, y a esas palabras que nos diferencian, en vez de “fino” puede que se me salga el “guay”, en lugar de computadora quizá te digo “ordenador”, sigo comiendo arepas pero también me gusta el pan con tomate y el pincho de tortilla; algunos confunden mi acento con el de las islas canarias, aunque la verdad siento que este no ha cambiado mucho. Te confieso que conozco las calles de Madrid mucho mejor que las de Caracas.


En este anonimato en el que nadie sabe quién soy, he aprendido a sentirme más libre, a entender que no transito una línea recta, a disfrutar las curvas y los planos, a descansar en las pausas, a aumentar y disminuir el ritmo, a admirar lo que me rodea, a contemplar nuevos paisajes, y mientras todo esto pasa, sigo compartiendo, sigo aprendiendo… Porque controlar los pensamientos se vuelve la clave para balancear todo esto que sentimos…Mi corazón sigue allá, aunque mis pies ya no estén ahí.


7 años, más de 2.500 días han pasado y por primera vez decido escribirte esta carta, en una serie de trece fotos que representan para mi, estos 7 años sin ti, para que sepas que aunque ya no soy la misma, una parte de mi se quedó y permanecerá contigo, siempre».
Con cariño, María José

Nota de la autora: «Este proyecto nace desde una necesidad personal de sanar mi propio proceso migratorio, un proceso común que vivimos quienes somos migrantes y que se vuelve una carga muy silenciosa, pero que nos pesa, sin muchas veces darnos cuenta.
Escribí una carta sin destinatario a ese lugar que dejé, mientras escuchaba canciones que me reconectaban con mis raíces, de ahí se fue revelando cada fotografía que verás en esta colección, de poner en palabras todos estos sentimientos que por siete años han permanecido en silencio».
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