Migrar también implica buscar espacios donde volver a encontrarse: con otras personas, con nuevas ideas y con una comunidad que acompañe desde lo cotidiano. Para Karla Ron Arévalo, escritora venezolana que vive en Madrid, ese encuentro comenzó hace un par de años, cuando participó en un taller de integración para inmigrantes organizado por Código Venezuela.
Desde entonces, su vínculo con nuestra comunidad ha seguido creciendo. Hoy forma parte del primer club de lectura de Código Venezuela y la Fundación Alexandreia, una experiencia que, en sus propias palabras, le ha permitido conectar con otros venezolanos y abrirse a nuevas formas de mirar.
“He encontrado personas que me hacen pensar diferente, bastante fuera de la caja”, cuenta Karla al hablar del grupo. Para ella, el club de lectura no es solo un espacio para comentar libros. Es también un lugar de encuentro, conversación y descubrimiento, donde cada lectura se convierte en una oportunidad para salir de la rutina y compartir con personas que traen otras perspectivas.
Cada dos meses, el grupo se reúne alrededor de un libro elegido entre todos. Ese compromiso, lejos de sentirse como una obligación pesada, se ha convertido para Karla en una motivación. “Me obliga a leer el libro que nos toca, que escogemos entre todos, y me encanta porque eso me lleva a pensar en otras cosas. Esas actividades me parecen súper enriquecedoras.”, explica.
En su testimonio, Karla destaca algo que para nosotros es esencial: el valor de crear espacios que no solo informen, sino que también conecten. A través del club de lectura, los talleres y las actividades de la Fundación Código Venezuela, ha encontrado alternativas que enriquecen su vida y que también comparte con su entorno.
“Le agradezco mucho a Código Venezuela que me conecta con otros venezolanos y con alternativas interesantes siempre. No solamente el club de lectura, sino talleres e informaciones que no son solo para mí, sino que también transmito y comparto con mi entorno”.
Esa conexión es parte del impacto que buscamos construir: una comunidad donde las personas venezolanas en la diáspora puedan encontrarse, acceder a oportunidades y sentirse acompañadas en distintas etapas de su camino.
Para Karla, participar en estas actividades se ha vuelto una decisión natural. “Cada vez que tengo ocasión de tener alguna actividad con Código Venezuela, soy la primera”, afirma. Su historia nos recuerda que el acompañamiento también sucede en los espacios culturales, en una conversación compartida, en una lectura que abre preguntas y en una comunidad que sigue creciendo.
