Un extranjero de nacimiento, que pasó de la fama al anonimato, comparte contigo estas letras. Menahem Belilty es experto en risoterapia y ha tenido un extenso recorrido migrante, hasta que se radicó en España. Es un ejemplo venezolano de resiliencia y adaptabilidad: no nos rendimos.
Esperamos que estas líneas te den la certeza de que vale la pena siempre seguir adelante y también reirse entre las dificultades.
A continuación, las palabras de Menahem:
«Te cuento mi experiencia como extranjero de nacimiento
La migración marcó mi vida antes de nacer. Mis padres, mis abuelos y bisabuelos, fueron inmigrantes.
“Me volví un pasticho”
¿Cómo se dice correctamente, inmigrante, migrante o emigrante?
Según la Real Academia Española de la Lengua, estas son las definiciones.
EMIGRACIÓN: Conjunto de habitantes de un país que trasladan su domicilio a otro, por tiempo ilimitado, o, en ocasiones, temporalmente.
MIGRACIÓN: Movimiento de población que consiste en dejar el lugar de residencia para establecerse en otro país o región, generalmente por causas económicas o sociales.
INMIGRACIÓN: Cuando una persona llega a un país extranjero para radicarse en él.
Cualquiera que ha ido desde un país a otro para quedarse en él, pasa por los 3 estadios. Al salir es emigrante, en el trayecto es migrante y al llegar al país de destino a quedarse, es inmigrante.
Disculpa el exceso de disertación, pero necesitaba escribir esto…
Extranjero de nacimiento
Un 14 de abril de 1958 nací en Casablanca, Marruecos, al norte de África. Lo que es obvio, la gente apenas me ve, se da cuenta que soy africano, pues tengo piel blanca y ojos azules.
Lo curioso es que nací en Marruecos, pero según el código civil español, la nacionalidad se transmite por ius sanguinis (derecho de sangre); cualquier hijo de españoles es español, sin importar donde nace. Eso significa que nací en África y era español o, en otras palabras, “extranjero de nacimiento”.
El anonimato
El 5 de abril de 2014, me mudé a Panamá, país en el que estuve 7 años. Yo estaba acostumbrado a que se abrieran puertas en todos lados en Venezuela, porque era un personaje público conocido. Constantemente estaba en entrevistas en televisión, radio y prensa. Tenía temporadas de teatro, presentaciones y conferencias. La gente me reconocía en la calle, yo era famoso. Al emigrar, pasé de ser alguien que todo el mundo reconocía y quería, porque se dedicaba al humor, a ser totalmente anónimo, al principio, eso me impactó.
Mis padres me enseñaron a ser agradecido, como lo fueron ellos con Venezuela al emigrar, porque era una tierra de oportunidades, y yo estaba muy agradecido con Panamá.
Otra cosa que aprendí es que nunca comienzas de cero, siempre hay cosas que sabes hacer bien, talentos, capacidades, habilidades y ganas de hacer las cosas, tal vez lo más importante, tu actitud, agradecer lo bueno y atreverte a experimentar en el nuevo lugar, con mentalidad positiva.
El primer año fue muy duro. Por un lado, estaba sin muchos amigos, ni familia o pareja a mi lado y por otro, fue complicado comenzar a producir.
Decidí activar mis otros talentos y comencé a moverme mejor. Conseguí trabajar en una revista. Pagaban solo comisión por ventas, pero me ayudó bastante para arrancar. Hice humor, era el anfitrión en Teatro Bar, un lugar de «stand up comedy» de venezolanos, por 8 meses. Estuve 9 meses en Radio Panamá, una de las más importantes emisoras del país, era un programa dedicado al bienestar, “En hora buena”. Luego estuve en otra emisora, Cool FM, que era un «target» menos popular. También trabajé en una agencia de marketing digital.
Mientras todo esto pasaba, desarrollaba mi actividad de risoterapia, que era lo que realmente quería hacer. Comencé a hacer risoterapia para empresas, eventos abiertos al público y formaciones.
Hice un trabajo de marketing y posicionamiento, regalé algunas charlas para promoción, fui a entrevistas en distintos medios, en fin, una serie de estrategias que dieron resultado. En las primeras presentaciones que hice, recién llegado al país, y más o menos por año y medio, el 80% de mi público era venezolano, a los dos años, el 90% de mi público era panameño. Ya la gente me reconocía en la calle como el de la risoterapia. Es decir, logré posicionarme con risoterapia.
Taxi, secuestro y quemaduras
Una de mis primeras experiencias en Panamá fue montándome en un taxi. Paré un taxi, no cabía duda, era amarillo con los cuadritos negros típico taxi internacional. Le dije al chofer a donde quería ir y comenzó a rodar.
A las 3 cuadras se montan en el taxi dos hombres, uno adelante al lado del conductor y otro atrás a mi lado. Y me dije mentalmente: Me secuestraron, mi vida corre peligro; aunque estaba aterrado, no dije, nada. Los tres comenzaron una conversación de amigos, y decían cosa como -es que ella me quemó, entonces yo la quemé dos veces-. Yo pensaba que salvajada, esta gente usa el fuego como práctica común. Seguían, el otro decía, -si a mí me pasó igual, yo la quemé primero y luego ella me quemó varias veces-.
Observé que el chofer no iba a la dirección que le indiqué. Entonces me explicó, es que este señor va por aquí cerca, a dos cuadras y el otro más adelante, en la misma vía a la que usted va. El chofer no tenía idea, cuanto me alivió esa explicación y no era por la ruta. Es decir, no, no me estaban secuestrando. Resulta que era práctica común, si te montabas en un taxi, se podían montar 4 personas más y él los llevaría a todos, según la ruta más conveniente.
Luego me explicaron que cuando a alguien le “montan cachos”, como se dice en Venezuela, o le son infieles, como se dice en otras partes, en Panamá se dice, «quemar». Entonces quemar a tu pareja es serle infiel… ¿Qué tal?. Son muy calientes las relaciones en ese país…
Gastronomía y nostalgia
En Venezuela yo no era muy amante de la comida típica venezolana. Me gustaba y comía de vez en cuando, pero no era muy frecuente. Lo que me pasó en Panamá fue que me encantaba pedir la empanada de queso típica, porque el sabor me conectaba mucho con Venezuela. Así que comencé a amar esas empanadas en el local, que por cierto, se llama Los Venezolanos. Es claro que la nostalgia por el país que se tuvo que abandonar se revivía cada vez que comía su gastronomía típica. De ahí en adelante, me volví un fanático de la comida venezolana.
Decisión de emigrar a España
El aspecto económico en Panamá se estaba volviendo cada vez más difícil, no solo para mí, para todos. Cuando llegó la pandemia, se puso mucho peor. Una buena amiga panameña, me dijo: -¿y por qué no te vas a España, si eres español?-. Ese comentario me ayudó a tomar la decisión final. La verdad me gustaba España, ya tenía amigos en la península y la parte legal estaba resuelta.
Aunque ya voy para 5 años en Madrid, siento que mi proceso está comenzando en España. Solo les puedo decir como le dije a mi amiga de toda la vida, Adriana. En los primeros 7 meses que tenía en Madrid, ya había sido más feliz que en los 7 años que estuve en Panamá. Eso tiene mucho que ver con amistades de calidad y que me siento tan venezolano como español. Las relaciones personales positivas, son una de las cosas que más apoyo te dan cuando eres nuevo en otro lugar. Porque te sientes acompañado y querido.
Epílogo
Todo el mundo te habla de lo complicado y difícil que es migrar, no estoy diciendo que sea fácil, para nada. Hay duda, incertidumbre, miedo, nostalgia, pero también es cierto que hay una parte de expectativa y entusiasmo por lo nuevo. Entonces es una mezcla de susto y emoción, de alejarte de lo conocido, bueno o malo, pero conocido, a nuevos horizontes que aún no sabes como van a resultar y pueden ser muy positivos.
Molestarte por cosas que no te gustan es normal, somos humanos, lo importante es no quedarte ahí, “pegado” en lo negativo y siempre agradecer lo bueno. Está demostrado que las personas que tienen buen humor son más creativas y pueden encontrar mejores soluciones a cualquier reto que tengan que enfrentar.
Creo que para emigrar la buena actitud es fundamental. Estoy seguro que una cosa que me ha ayudado a adaptarme a los cambios, y a ser resiliente, ha sido tener una visión humorística de la realidad y estar conectado con el optimismo.
Por eso para terminar te digo, como dijo Charles Chaplin.
“Un día sin una sonrisa es un día perdido”, no pierdas ningún día, lo mejor está por venir
Un abrazo»
Menahem Belilty
